jueves, 21 de mayo de 2020




TIEMPOS LENTOS


Nunca nos imaginamos


Que nos ibas a abarcar


Desde niños pensamos


Que no nos llegarías a asaltar.



El reloj nos fue cambiado


De lo rápido a lo lento


La prioridad fue abalaustrada


Sin que llegará el lamento.



Muchos la historia conocían


La maldita peste y  española


Solo eran pasados que controla


Y que a la humanidad vencían.




Solo nos tocó rezagarnos


Con conciencia para cuidarnos


El esperar nos regaló la vida


Momentos antes de la ida.




Dios nos brindó sabiduría


Para sobrellevar el momento


Y así no encontrar el lamento


Que nos llevara a la jauría.




La gran amiga la calma


Llegó para hacernos pacientes


A todos los seres conscientes


Que son amigos del alma.





Inspirado y escrito por: Juan Raul Alamo Lima. El Hatillo Caracas | Categoría: POEMA

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18 de mayo de 2020


miércoles, 8 de abril de 2020



CHEO, EL COMPADRE DE LOS CAYOS

   Cheo ¡Vivía en solitario! Alguna vez tuvo familia pero fue poco a poco abandonado. No conoció a su padre. Nació en las riveras del Golfete del << Cuare>>, en el mismo lugar donde llegaban todos los años los flamengos anaranjados desde las Antillas Neerlandesas y las garzas granate lugareñas impactaban la retina, en el lugar de los cocoteros que se doblan pero no se amilanan, en la Playa Norte alejada, solitaria e infinita. —La vida no le premió en el sorteo de llegar a una familia dotada. El universo le hizo abrir los ojos en un rancho de “bahareque” y palma. Su existencia le impidió estudiar para poder llegar a “ser alguien” en la vida y lograr lo mínimo para cubrir sus necesidades básicas y algo más… Era como muchos que la han pasado duro; pues Cheo nació en la Venezuela profunda.

Tuvo una niñez sencilla. Su madre “que llegó a los 100 años”  le dio mucho amor dentro de las penurias de su crianza. Jugaba con “metras”, “perinolas”, “gurrufíos” y con la verada cortada con machete en las riveras del Rio, construía “papagayos” multicolores, de papel de seda pegado con “mezcolote” de harina de coco, de cola larga de las telas carcomidas por la polilla y  que serpenteaban el cielo de las costas falconianas. —De joven conoció a la negra Josefina, ¡el amor de su vida!, con ella engendró 5 hijos, que a duras penas pudieron criar. Pero lamentablemente luego de muchos años por su mala conducta etílica, la susodicha “Cuaima” no lo aguantó más y lo “excomulgó” a su soledad, sin derecho a reconciliación.
  
  Cheo fue un hombre de callos en sus manos y Cayos en su horizonte. Tenía la piel bronceada, generado por su trabajo duro en las playas de occidente. Trepaba los cocoteros con la facilidad que trajeron sus genes heredados de sus ancestros. —Desde la playa donde sobrevivía, se divisaban los Cayos de sus amores; pequeños atolones coralinos, lugares de arenas blancas, salinas rojas, corales multicolores, sol implacable y manglares babosos que alguna vez seguro estuvieron llenos de perlas.

  Cheo era hombre de pantalones deshilachados a rastras y “alpargatas” gastadas de tanto caminar. Deambulaba solo de playa en playa, el, el mar y el sol. Desbordado de conexión con la naturaleza, que tanto escasea entre los seres humanos. —Fue un hombre sin riendas, sin compromisos, libre. Ni el amor lo pudo atar. Puede que algún tiempo sí, ¡pero no más!. Prefirió su libertad, su soledad, su mar. Ya no le dolía la piel por su sol, estaba curtida, muy curada, con olor a mar y sudor, que forman la mezcla perfecta.

  ¡No tenia reloj y no le hacía falta! Lo despertaba cada día el sol picante que entraba por los huecos del techo de asbesto contaminante, desgastado por la humildad,  el tiempo, el salitre y la desidia. —Su caña de pescar con carnada de cangrejo, ataviada con bambú y nylon, siempre amanecía dispuesta a “anzuelar” a algún “Corocoro”, para buscar el alimento y así calmar su hambre acumulada e intentar doblegar sin éxito su resaca taciturna.

—Ni tenía televisión ni conoció el internet y no le hicieron falta…

  Se “rebuscaba”, cuidando casas de veraniego playero de gente pudiente de diferentes ciudades importantes. —Era multidisciplinario: “wachiman”,  electricista, pescador, cocotero, sembrador, jardinero, albañil, pintor, plomero y pero sobre todo un ser humano de bien, amable y cordial.

Siempre recibía a los que él llamaba sus “Patrones”, con una sonrisa sin igual, acompañada con dulces, agua y carne de coco. A veces en  temporada, facilitaba cangrejos y alguna langosta digna de manjares. No faltaban nunca el gesto de instalar los “chinchorros” guindados en el corredor frente al mar y las ventanas abiertas de par en par, para quitarle el olor de salitre a las casas playeras. Era más que un mayordomo, Cheo era el amigo de la playa…

   En una época llegó a tener un Jeep Willys destartalado del año 1953, de esos que recorrieron Europa para su liberación durante la segunda guerra mundial, quizás hasta llegó a estar en la resistencia de París con algún Teniente mandón en su volante. —Se oía llegar desde lejos por lo escandaloso de su presencia. No había pieza de la latonería que no tuviera herrumbe producto de la sal marina que a diario bañaba su chasis, sus guardafangos y tornillos clausurados.  

  En una oportunidad persiguió las huellas de una mini moto “Monkey” minitrail Honda, que estaba siendo reparada por el “Patrón” y por ello no encendía, que fuera sustraída del garaje de la casa por la mano del hampa playera durante una oscura noche calurosa; y cual sabueso “Sherlock Holmes”, logró encontrarla, escondida en un rancho abandonado a más de 5 kilómetros de distancia, gracias a seguir el rastro de las impresiones que los tacos de sus cauchos hicieron sobre la arena caliente.

  El fue el guía turístico mayor de las Cueva de la Virgen y la del Indio y siempre mostraba todos sus recovecos y jeroglíficos en la serranía desgastada en su base por las corrientes milenarias y perseverantes del Golfete del << Cuare>>.  Nos presentó detalle a detalle a sus consentidos Cayos: Sal, Muerto, Peraza, el chipilín (ya extinto) Pelón, y  Sombrero con su laguna interior un poco más alejado, eran como sus hijos de arenas blancas, pero sembrados en medio de la mar de aguas verdiazules en el parque nacional Morrocoy. —  Se esmeró en su presentación del más alejado, su preferido, favorito y predilecto  “Cayo Borracho”, ¡quizás por la misma afición!, el cual es un bello refugio y criadero de tortugas marinas en peligro de extinción y que por su soledad es aprovechado por los “desnudistas”.
  
  Una vez se le vio en Caracas, alguna cédula de identidad en extranjería se vino a sacar, pero en la misma tarde salió disparado a su tierra falconiana, agobiado por lo urbano y lo ilógico de una ciudad millonaria en desorden, caos y a veces hasta “desamable”, contrario a lo que le enseñaron a tratar sus ancestros. —Mas nunca regresó a la “ciudad de los techos rojos”.
  
  El compadre Cheo, nos otorgó el honor de correspondernos con el padrinazgo de Gregorio su último hijo, lo cual fue aceptado con cariño y orgullo. —Fue bautizado en la “descascarillada” Iglesia humilde de Chichiriviche por el padre párroco de mal carácter Nicasio, quién le administró el sacramento al Siervo de Dios, invocando a la Trinidad, según el rito de rigor del mandato del Concilio de Nicea: —  << Gregorio yo te bautizo en el nombre del Padre, Amén, y del Hijo, Amén, y del Espíritu Santo, Amén>>, haciendo en la Pila bautismal malabares hidratantes en un Bautismo por inmersión, ¡Como Dios manda!.
  
  Cheo se fue a dormir una noche y ¡no despertó!, había decidido morir así inclusive antes de nacer, fue natural, sin resistencia, sin miedo, sin preguntas ni porqués y sobre todo sin culpa. Hizo lo que debía hacer, venir a experimentar la vida con su pasión “El Mar”.  Se fue muy joven, a solas  solo acompañado de su asbesto resquebrajado, su colchón “empolillado”, sus olas del mar, sus cangrejos encaletados y su botella de aguardiente “San Tome”. —Cheo fue extrañado varios días después, no se mereció la pestilencia y sí un  digno funeral. Cheo falleció a los 50`s  en 1.999, no dejó un gran legado, pero si mucha cortesía  y amabilidad.

   El amigo Cheo lamentablemente ¡No llegó a la edad centenaria de su madre!... ¡Seguro sus lágrimas eran de agua de coco!... ¡Seguro está trepando a un cocotero en el cielo!.






   Dedicado a nuestro gran amigo y compadre Jose Gregorio Rodriguez “Cheo” nuestro pana de Chichiriviche. Estado Falcón, Venezuela. En paz descanses y brille para ti la luz perpetua de Dios.


Escrito por: Juan Raul Alamo Lima. Caracas - Venezuela | Categoría: Cuento
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08 de abril de 2020

viernes, 13 de marzo de 2020



El CURA, LA PACIENCIA Y YO

¡Mi Paciencia pudo más que el rechazo!  40 horas de espera, por una oportunidad que cambiaria mi vida.

A pesar de mi juventud, el consejo de mi padre y la perseverancia en el momento, me hizo ser más resistente que una “roca de granito en una risco milenario”.  —Sentado en unas escaleras frías con adoquines, esperé hasta que me dieran un Sí rotundo, a riesgo de no obtenerlo, pero a sabiendas de que ¡la fe mueve montañas! Cada vez que el cura salía de su oficina, la sotana se le “revoloteaba” durante mi persecución, ¡como alma que lleva al diablo!; ya me había dicho que NO y ¡un no es no!

Rondábamos un lunes a primera hora de un día no recordable del mes de  septiembre de 1977, cuando contaba con 20 primaveras. A mis dos años de inicio de estudios superiores había tomado la decisión de  cambiar de universidad, en vista de que por la dificultad del inicio, me atormentó un posible Índice Académico que me impediría llevar un ritmo adecuado en el desenvolvimiento de mi carrera de Ingeniería. —Ello me volcó a tomar la decisión de pedir cupo en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas-Venezuela (UCAB), Alma Máter de la Compañía de Jesús, que tantos años hacían vida en este país, desde la época que éramos colonia española.

Ya había tenido la grata experiencia de haber convivido con los “Jesuitas”, pues recibí un alto conocimiento académico y moral, en los estudios desarrollados durante la secundaria en el Colegio San Ignacio de Loyola de la misma ciudad.

Para poder entrar en la escuela de ingeniería de la  UCAB, tenía que convencer al Sacerdote Adolfo Hernandez, Ingeniero Civil, maestro de novicios y guía espiritual de seminaristas, que fungía como Decano de la Facultad de Ingeniería de dicha casa de estudios. Logré hacer una cita, llevé mis notas certificadas, mi optimismo de siempre y lamentablemente al no ser de altas calificaciones y por tratarse de un traslado, de una me negó el ingreso a dicha casa de estudios superiores.

El padre Hernandez desconocía que, este servidor tenía un arma secreta en mis manos, aposentos y mente y fue instalarme durante una semana seguida frente a la Puerta de las oficinas del Decanato, para seguirle insistiendo, con el debido respeto de rigor, cada vez que estuviera a mi alcance.
Luego de muchas “escaramuzas”, finalmente a las 5 de la tarde del viernes de dicha semana, cuando ya casi “tiraba la toalla”, el Padre Hernandez me llamó a su oficina nuevamente y me dijo: “usted es un hombre con paciencia”, —así que lo voy a dejar entrar a la universidad; ¡no me vaya a dejar mal…!

Fueron muchas las materias cursadas durante la carrera de Ingeniería Industrial, pero una de las que más me encantó durante el ciclo Básico fue la de Geometría Descriptiva. Esta asignatura abarca un conjunto de técnicas geométricas que permite representar el espacio tridimensional sobre una superficie bidimensional.  Era de esas materias de las ciencias que está diseñada para abrirte el cerebro y “quemarte las telarañas”, para hacer de los alumnos personas más inteligentes y preparadas para el razonamiento lógico. Cuando vi Geometría Descriptiva II, tuve la sorpresa de encontrarme nuevamente con el Padre Hernandez a quien le pasé la asignatura con un bello 20 de calificación, iniciando así el cumpliendo así la promesa  de “no dejarlo mal”.

Trascurrieron los años y luego de muchas asignaturas, libros, cuadernos, lápices, calculadoras, exámenes, laboratorios, exámenes, “quizzes”, madrugonazos, ojeras y cayos en los codos, llegue a mi acto de graduación y previo a ello tuvimos la misa de rigor, que gracias a Dios fue dirigida por el Cura Hernandez.

El Sermón me dejó marcado de por vida, pues él lo enfocó con la siguiente frase: “quiero que ganen dinero durante su vida profesional, pero no tanto…”.

Afirmación muy difícil de entender, pues uno a los 25 años y  con una carrera universitaria de pregrado encima, lo que buscas es ganar todo el dinero posible para satisfacerte de todas las cosas habidas y por haber.

Este es un tema muy difícil de lograr consenso. ¡Hay quienes lo quieren todo!, con inmediatez, cortoplacismo, amiguismo y a cualquier costo, priorizando el dinero por encima de cualquier otra cosa. Ya hemos visto muchísimos ejemplos de “personajes” con familias destruidas, dineros derrochados, vicios consumidos y muchos más pecados capitales, acompañando vidas que normalmente nunca llegan a buen destino.

Con el paso de la vida me he dado cuenta, de que definitivamente la solvencia financiera es muy importante para tener una vida “amable”, más en exceso es muy probable que nos confunda y perdamos las perspectivas para poder vivir en paz y hacer una buena familia llena de valores y generemos un bello legado, en felicidad que al final es lo que más vale en la vida.



En 1.984, un año después de mi Graduación de Ingeniero, empecé mis estudios de postgrado y en paralelo encontré al amor de mi vida y luego de 7 meses de noviazgo tuvimos el gran honor en nuestro acto matrimonial, de disfrutar nuevamente del Sacerdote Adolfo Hernandez, quien nos administró el Sacramento Matrimonial y gracias a él y a una excelente vida conyugal, hemos llegado a los 36 años de casados, habiendo engendrado 3 hijos y 5 nietos a la fecha de este escrito.

En 1.987, ya con mi primera hija nacida tuve el inmenso honor de recibir una Maestría en Administración de Empresas en la casa de estudios que forjó mi vida, para así dejar la frase de ¡no me vaya a dejar mal…! en los pasillos largos, en los salones de clases llena de pupitres vacíos  y a veces fríos de mi querido lugar de formación profesional.

El tiempo pasó y lamentablemente le perdimos la pista a esta gran persona, supimos que en algún momento de su vida fue llevado al Vaticano por el Papa Juan Pablo II a ejercer un cargo importante para la iglesia Católica y falleció ejerciendo sus funciones, que seguramente las manejó con la inteligencia que le caracterizaba y le hacía ser un excelente ser humano, que cambio la vida de un joven que le retó un día a jugar: “el que se cansa pierde”…

Escrito por: Juan Raul Alamo Lima.
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13 de marzo de 2020

martes, 3 de marzo de 2020


El RÍO Y LA DECISIÓN

¡El rumor del silencioso RÍO nos sorprendió a todos, en el meandro sinuoso RÍO arriba, de repente apareció sin avisar un ola que nos dejo sin aliento. —Cinco motos en medio del cauce estaban en emergencia con el peligro de ser arrastradas por el aumento caudaloso y repentino de la madre naturaleza, ¡nuestras vidas estuvieron a prueba!, las ¡decisiones! a tomar eran de relevancia y de ello dependía la vida o la muerte de un grupo de jóvenes aventureros.

A este deporte, algunos lo llaman “Enduro”, otros “campo traviesa”. Se trata de un “hobbie” que se practica en muchos países del planeta y que consiste en atravesar en moto con cauchos especiales (tacos), todo tipo de montañas con veredas estrechas (normalmente preparadas para personas o animales), llenas de tierra, piedras y con inclinaciones que dificultan y generan una adrenalina que emociona al motero de la “trocha”.

La pasión por practicar este tipo de deporte genera una alta exigencia física y mental, bellas aventuras, amistad y solidaridad entre sus participantes, lo que lo hace muy motivador y aventurero, generando así un contacto directo con la naturaleza que entrega experiencias sin igual. 

Desde muy joven, el deporte de las dos ruedas se adueñó de mis preferencias. —El ruido, la velocidad,  el humo, el compañerismo, el paisajismo, el riesgo y la adrenalina generaban altos retos que me llenaban el alma de pasión y entrega.

¡Era un sábado cualquiera!; luego de muchas anteriores experiencias, sin planificación previa, en un 14 de septiembre de 1974, a mis 16´s primaveras, cuando se nos ocurrió a cinco amigos, cada uno con su respectiva motocicleta Enduro, partir a las 2 de la tarde y luego de abastecer los tanques de gasolina, a disfrutar una experiencia en las montañas de un sector denominado La Unión, en el Municipio el Hatillo ,en las cercanías de Caracas-Venezuela.

¡Luego de dejar a la civilización atrás!, empezamos a bajar un sendero de mediana dificultad que nos llevó hasta la quebrada denominada “Tusmare”, cuyo cauce normal no sobrepasa los 40 centímetros de altura en sus aguas —y sus anchos llegan a tener en algunos lugares entre 10 y 15 metros, lo que lo torna una quebrada (riachuelo) de baja peligrosidad en dichas condiciones ambientales.
Las motos atravesaron sin mayor contratiempo el cauce de la quebrada,  para atacar de subida la ladera del frente de la cordillera y así empezar a subir nuevamente la montaña, —para de esta forma llegar al poblado rural denominado   “Sabaneta” y nuevamente (ya en vías asfaltadas), llegar a nuestras residencias en teoría, sin mayores complicaciones.

¡En medio de la subida empezaron las dificultades! Comenzó a “garuar” y el terreno empezó a hacerse cada vez más resbaloso, aunado a que el sendero estaba muy deteriorado por la temporada de lluvias venezolana y lo había agrietado haciendo canales en su centro,  que generaba que las ruedas de las motos cayeran en dichas grietas y en muchos momentos había que parar la actividad para extraer las naves y proseguir la travesía. —Sudores y más sudores, esfuerzos y más esfuerzos durante la escalada, generó que uno de los cinco moteros, quebrara su fortaleza física y mental y sin consenso previo, se devolvió hacia el rio en solitario. En solidaridad los otros cuatro, luego de una “mini junta” procedimos a no dejar solo en su dificultad al motero desertor.

¡la lluvia empezó a arreciar! Al regresar al río, apagamos las motos para descansar, cuatro de ellas en las orillas y la mía en un montículo  que se encontraba a un cuarto de la orilla izquierda por donde bajamos originalmente a la quebrada Tusmare. 

Era ya el final de la tarde y de repente y sin previo aviso, se empezó a oír en la lejanía un ruido (pensando que era más lluvia) no común que iba en ascenso hasta convertirse en el “rugido de un león mitológico”. —En menos de 10 segundos en el meandro superior apareció una ola que aumentó el cauce y volumen de la quebrada transmutando en el acto a RÍO, que nos llenó de sorpresa, adrenalina y decisiones a tomar.

Las  tres motos más cercanas a las orillas fueron retiradas sin mayores contratiempos.  Encima de la que yo estaba conduciendo, una Yamaha Enduro 250 CC 4 tiempos del año 1972, propiedad de mi hermano mayor, vi con mucha sorpresa como empezó a generarse un nuevo segundo cause del rio por mi lado derecho que me dejó en un montículo o islote totalmente rodeado de agua, atrapado y  sin saber cómo retirar la moto hacia una de las orillas.

El agua seguía creciendo y no me quedó más remedio que tomar una  ¡Decisión!; las tres más factibles en ese momento de apuro, para un joven inexperto de 16 años eran las siguientes:

1.- ¡Esperar! quedarme donde estaba hasta que el rió amainara su caudal: La cual nunca se me ocurrió, quizás por falta de madurez y tranquilidad mental en ese momento de alta dificultad.

2.- Tratar de sacar la moto hacia el lado derecho por el cauce nuevo recién creado: definitivamente eran aproximadamente 8 metros a recorrer, quizás sin mayor profundidad, lo que tal vez habría sido una buena decisión. ¡Solo Dios lo sabía!  

3.- Tratar de sacar la moto hacia el lado izquierdo por su cauce normal: Eran aproximadamente tres metros y mi mente me jugó una mala pasada diciéndome ¡por aquí es!

Encendí la moto, la apunte de forma perpendicular al río y a la orilla izquierda, aceleré a fondo y en el mismo momento que la rueda delantera tocó la corriente. —La embestida me empezó a llevar río abajo en un solo cuerpo flotante moto-piloto.

Parecerá mentira, pero nunca pasó por mi mente salvar mi vida, mi inmadurez me decía que no tenía que soltar la moto y tratar de salir en algún momento posible.

Si mis cálculos no fallan, creo que floté aproximadamente 100 metros río abajo con la moto agarrada a mis manos, ¡no quería perderla pues era de mi hermano!; solo en un meandro muy pronunciado y sinuoso, chocamos contra la orilla y en ese momento se me escapó de las manos y más nunca la volvía a ver. En ese momento la moto me pudo haber atrapado entre sus ruedas, lo cual no ocurrió. —
De ahí en adelante ¡El próximo reto era salir del Rio, lo cual no fue tarea fácil!

Creo que recorrí flotando en solitario aproximadamente otros 80 metros más, en buenas condiciones mental y física, hasta que llegué a una pequeña cascada que me arremolinó debajo de la superficie aproximadamente durante 20 segundos (gracias a Dios no tragué agua) y al salir a flote, la parte posterior de mi cabeza (otra vez gracias a Dios por tener casco de protección) impactó fuertemente con un tronco, que atravesaba el rio de lado a lado y al cual me pude abrazar y que me permitió salir a pesar de mi cansancio y falta de oxigeno.  —Ya con la vida salvada, empecé a caminar Río arriba por su ladera y encontré a los cuatro amigos, donde pudimos conversar sobre lo ocurrido y conocer que además de la moto que yo manejaba, otra más se la había llevado la corriente, pero todos estábamos a salvo que era lo más importante.

En ese momento ya de noche, el próximo reto era subir la montaña, sin luces, agua y con la ropa mojada, una distancia de aproximadamente tres kilómetros, lo que nos llevó por suerte a un Seminario cristiano llamado San Pablo (Padres Paulinos), ubicado en el sector La Unión, donde muy gentilmente nos dieron cobijo y nos permitieron llamar a nuestros padres los que se apersonaron a la brevedad posible.

Es entendible y recordable por mi hoy en día, el nerviosismo mutuo en el momento que llegó mi padre; no recuerdo sus palabras dirigidas a mí al verme, lo que llevó a contestarle de forma instantánea ¡dale gracias a Dios que estoy vivo!, y sin medir mas palabras en el acto me amonestó fuertemente, lo cual nunca podré olvidar sea con razón o sin razón.

A pesar de todas las consecuencias de mis actos de ese día, Lo que sí definitivamente aprendí es que: ¡el buen capitán se ve en la tormenta! Como me enseñara mi padre en muchas siguientes  oportunidades de mi vida.

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03 de marzo de 2020

miércoles, 26 de febrero de 2020





LOS PAPELITOS DE MI AMOR

¡Poco a poco! y ¡uno a uno! fueron apareciendo. Pensamientos tras alegrías en diferentes lugares de la casa y me fueron llenando de sorpresas. Me activaron para encontrarlos como: “Minero buscando oro en los causes del Rio Carrao”, — me motivaron a desconectar la desentendida e inentendible soledad y vivir en búsqueda de un nuevo mensaje oculto, que me divirtiera el alma rota.

Todo comenzó a finales de junio de 2019, cuando mi amada esposa viajó a España por razones de salud, lo cual me dejó: “más solo que la una”, lo que no es fácil para nosotros los del “sexo débil”. —Soy de familia numerosa y desde muy pequeño he estado rodeado de padres, hermanos, compañeros de clases, amigos; luego hijos, colaboradores y ahora de nietos, y de verdad no soy un gran fanático de la amiga soledad.

Me tocó hacer yo solo lo que normalmente le enseñaban prioritariamente desde la infancia a las niñas de mi generación. Como: lavar, secar, planchar, doblar, ordenar, cocinar, coser, limpiar; aunadas a las labores diarias de trabajar en la oficina, hacer deporte, mantenimientos, mi nuevo entretenimiento de escribir y pare usted de contar, ¡creo que la cabellera se me puso más blanca!.

Unos días después de su partida empezaron a aparecer papelitos de 15x10 de color amarillo claro, con una cintilla superior de cuadritos multicolores, escritos a mano con linda letra, que sabiamente dejó el amor de mi vida, escondidos con premeditación y alevosía en todos los recovecos “habidos y por haber” de nuestro hogar.

Los papiros imaginarios me convirtieron en un “Sherlock Holmes” tras su búsqueda (dentro de libros, en la zapatera, entre platos, debajo del colchón, en el bolsillo interior de un flux…)  y cada encuentro por “goteo” me llenó de mucha ilusión, pues luego de volver a mi hogar incompleto después del trabajo del día, me ocupaba en las tardes el “juego en silencio y a la distancia”, que me permitió retomar mi ilusión con la vida en soledad y hacer más amable el estar solo y saber que aunque en la lejanía, —el reencuentro sería inevitable y fortalecería nuestra relación de más de 35 años, desde que nos conocimos en una playa del oriente de Venezuela y que con tan solo 7 meses de novios hasta que le propuse matrimonio a mi alma gemela,  nos permitió (hasta ese momento) traer al mundo a 3 hijos y a 3 nietos.

Cada uno de los “aparecidos” me permitió estudiar y sacar conclusiones y lecciones, que muy conscientemente me motivo a dilucidar y compartir con mucho cariño:

- Papelito 1: “Hola amor: busca en mi closet, una carpeta blanca para así te deleites con escritos de nosotros a través de los años de casados. ¡I love You!. Te extrañare.” (Con carita feliz incluida).

¡Aquí empezó la casería!, me convertí en “sabueso ingles” de la monarquía que buscaba su presa y olía a la distancia “papel bond” con locura. Este primer encuentro me permitió volver a leer de dicha carpeta, escritos amarillentos (por el paso de los años) y recordar muchos secretos bonitos que nos hemos autodedicado, como humilde pareja exitosa durante tantos lustros y lunas de nuestra exitosa vida conyugal.

- Papelito 2: “Lo que nos parecen pruebas amargas, son a menudo bendiciones disfrazadas” ¡I love You!.  (esta vez sin carita feliz incluida).

¡Y era verdad! Estar solo al inicio me socavó la existencia, pero pronto llegó a acompañarme (por idea de mi hija mayor), mi etapa literaria que me llenó de compañía, creatividades, autodesarrollo, retos imaginaciones y fantasías que trajo a mi vida un gran aprendizaje, satisfacción y reconocimiento por muchos de mis amables y críticos lectores. — “En fin no hay mal que por bien no venga diría un refranero…”

En algún lugar de la mancha…, luego mucha búsqueda, apareció un nuevo toque de sabiduría:

- Papelito 3: “Aunque sacudas con fuerza el reloj de arena, cada gramo caerá a su tiempo”. ¡No fuerces nada! Todo llega…

Un himno a la verdad verdadera y al “aquí y al ahora”, que es un elemento imprescindible en la vida para lograr la paz interior que todos necesitamos, —me llegó como relajante “baño de agua caliente en bañera de burbujas”.

- Papelito 4: RELAJATE: “Hay cosas que llevan su tiempo y otras que el tiempo se lleva”.

Continuaba la aparición de papelillos llenos de apoyo al solitario hombre de la pradera… esto me hizo recordar que de niño mi padre me enseñó que: — “a los niños los días le parecen cortos y los años lentos, pero irremediablemente cuando adultos los días son largos y los años cortos”.

- Papelito 5: ¡Todos los días tengo que agradecer “el tenerte”! y admiro en ti todo lo que he aprendido, pues me has enseñado grandes cosas! I love you (con besito incluido).

Con este se me “aguó el guarapo” diría un venezolano. La palabra “agradecer” es de las más bellas que Dios nos puso a la orden del día, para que notemos que todo tiene una razón de ser y que solo llega tras un esfuerzo dedicado en lo  físico o espiritual. Todas mis neuronas se vieron recompensadas al ser bien correspondido. ¡Un honor bella damisela!

- Papelito 6: ¡Nadie es más feliz que aquel que sabe disfrutar de su propio espacio sin sentirse solo!.
¡Cosa difícil, pero mágica! 

Nacemos unidos a un cordón umbilical; no sentirse solo en largos períodos es tan difícil como subir al Everest. La lección de la soledad, llenó mi existencia de nuevas experiencias, conocimientos, sabiduría y sobre todo conocimiento sobre mí mismo, que nunca me detuve en pensar que eran enfrentables y superables con creces.  

- Papelito 7: Hola, tu universo equilibrado está positivamente, la Ley de la Atracción siempre responde, ¡se repetitivo! ¡Desea y cree!

Tan existente como la Ley de la Gravedad postulada por Sir Isaac Newton, es la Ley de la Atracción. Creemos profundamente en que sin esta ley no hubiésemos construido una bella y armoniosa vida conjunta que nos ha llenado de proyectos y logros de todos los tipos en consonancia con la existencia. —Siembras trabajadas con amor, para dejar frutos bonitos y pintones como los que da la tierra que elegimos para vivir.

- Papelito 8: La vida y el tiempo son nuestros mejores maestros. La vida nos enseña a aprovechar el tiempo y el tiempo nos enseña a valorar la vida…

Maestros tenemos durante toda la vida, es un honor el haber aceptado el conocimiento de cada uno de ellos y aplicarlos a tu buen criterio para lograr convertirte en un ser humano lleno de experiencias enriquecedoras durante el tiempo que nos permita la vida existir. 

- Papelito 9: ¡Hola corazón! ¡Soy una sorpresa si!. Desde los lejos expreso que te quiero  mucho.

Sencillo pero agradable. Las cosas de la vida nosotros las convertimos en lo que queramos que sean. —Las sencillas en complicadas o las complicadas en sencillas, solo se trata de la actitud positiva  con que enfrentemos las situaciones que se nos van presentando. 

- Papelito 10: Métele amor al caos y veras como todo se ordena.

Aquí la Ley de la Entropía que se aprendió en la materia de Físico-Química en mi carrera, llegó a mí perturbar mi soledad. Definitivamente todo (aunque no hagamos nada para ello) tiende hacía el desorden. Si además nos ponemos del lado del Caos, pues las cosas entrarán en un estado profundo e irremediable de desorden que impedirá su ordenamiento lógico, —aunque si por lo visto, sí le agregas amor, las cosas tenderán a equilibrarse, por su magia intrínseca.

- Papelito 11: Eres un imán viviente, lo que atraes a tu vida está en armonía con tus pensamientos dominantes.

¡Sencillo pero contundente! La Ley de la atracción vuelve a entrar en acción y nos permite concentrarnos en una serie de pensamientos que nos lleva por el correcto cause de la vida que confluyeron en el estuario de volver a ver a mi amor. 

- Papelito 12: Se fuerte, nada es permanente, todo es temporal. Cada cosa pasará, no te desanimes, tú haces de tus días lo que tú quieras que sean. Vívelos. Sonríe. No decaigas, falta poco.

Una  buena dosis de vitaminas me llenaron de energía vital. Nada como un buen espaldarazo, apoyo, amor propio  y motivación, para no decaer en los momentos difíciles.

- Papelito 13: No Llenes tu cabeza con preocupaciones, porque entonces no habrá espacio para otras cosas maravillosas. ¡Pronto nos vemos!.

¡Casualidades de la vida!, fueron 13 “los Papelitos” del bello “juego en silencio y a la distancia”, todos y cada uno de ellos llenos de pensamientos, apoyo, confidencialidad y sabiduría. Fue un día 13 de abril en que nos unimos en matrimonio en el año 1984 y a aun este cuento de amor y de proyectos conjuntos está a todo motor, —se logró unir nuevamente luego de 107 días de separación y nos como premió con el nacimiento de dos nuevos nietos bellos, esta vez fuera de Venezuela, en Cork-Irlanda y en Valencia-España con tan solo 55 días de diferencia, para así estar siempre listos para reflexionar, apoyar y compartir con la familia momentos tan importantes y trascendentales de una forma integral y así poder seguir preparando y entregando un bello legado, lleno de ejemplos de existenciales.


Escrito por: Juan Raul Alamo Lima y Marina Rodriguez.
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26 de febrero de 2020

martes, 24 de diciembre de 2019




SONETO A LA NAVIDAD




Dios nos lo entregó desde lejos


 para darnos pasión y alegría


llegó humilde y con gran señoría


muchos Reyes le hicieron cortejos .




 Niño Jesús vino desde el cielo


María y José estaban felices


Algún día llegaría a mozuelo


en el templo enseñaría matices.




Niño lindo que trae esperanza


Para llenar al planeta con paz


 todos los hombres en preciosa alianza.




Entre nosotros siempre estarás

    
Eres el Mesías de luz, paz y amor


Por siempre en noche buena llegarás.





El Soneto por definición es una composición poética que contiene catorce versos endecasílabos (once silabas), distribuidos en dos cuartetos (cuatro versos por estrofa) y dos tercetos (tres versos por estrofa). Los cuartetos riman el primer verso y el cuarto, así como el segundo y el tercero. Los tercetos pueden ser ordenas de formas indistintas pero dos de los tres versos deben rimar.




Inspirado y escrito por: Juan Raul Alamo Lima. Alaquás - Valencia- España. | Categoría: SONETO
Blog: juanraulalamo.blogspot.com
Instagram: @juanraulalamo_literario  y @juanraulalamo  
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24 de diciembre de 2019

viernes, 15 de noviembre de 2019



SONETO A VENEZUELA


Tierra mágica, bella y hermosa


Bolívar, Sucre, espadas blandieron


Esperanza y respeto cedieron


Para la nueva patria prestigiosa.





Recibiste con tus brazos abiertos


Ya empezando  los años sesentas


Libertad, democracia manifiestas


Corrigiendo todos los entuertos.




Mares, montañas, llanos y arenas


Cayos, tepuyes, ríos y lagunas


Orquídeas, frailejones y cayenas.




Endulzan, gaitas, valses  y Joropos
    

Sentir musical la vida te truena


Ritmos bonitos entregan piropos.






El Soneto por definición es una composición poética que contiene catorce versos endecasílabos (once silabas), distribuidos en dos cuartetos (cuatro versos por estrofa) y dos tercetos (tres versos por estrofa). Los cuartetos riman el primer verso y el cuarto, así como el segundo y el tercero. Los tercetos pueden ser ordenas de formas indistintas pero dos de los tres versos deben rimar.




Inspirado y escrito por: Juan Raul Alamo Lima. Midleton Irlanda - Venezuela. | Categoría: SONETO
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15 de noviembre de 2019