“LA COPA DE
MI REAL MADRID”
Y “contra viento y marea”, llegamos a la definición de la final de fútbol
7 en el campeonato de la Universidad Simón Bolívar empatados 3 a 3, al tenso momento
de lanzar la tanda de penaltis para resolver quién se llevaría la Copa. Me
dejaron el último lanzamiento que era el decisivo para llegar a la gloria, me
concentré, observé al arquero con sus brazos extendidos viéndome fijamente a
mis ojos, agarré “vuelo” de una
distancia de aproximadamente 5 metros, y “chuté”
con mi amenazante pierna izquierda con toda la fuerza de mi alma…
Desde muy niño “patear” una
pelota y luego el fútbol, fue mi deporte principal. En mi vida he practicado muchos;
pero siempre el favorito ha sido el “deporte
Rey”. Mi primer gol formal lo logré a mis 9 años, marcando en la final del
campeonato infantil de los “Criollitos de
Venezuela”, con los rojos del Atlético del Este, siendo el menor en edad
del equipo, y de forma obligatoria acompañado con mis lentes de “carey” que corregían mi “estrabismo”, con mi pelo azabache y mi
pierna “zurda”, jugando por supuesto
de extremo izquierdo como ¨Gento¨ en el Real Madrid de los años 60´s.
Mi querido padre (Q.E.P.D.), me dejó en herencia la bella afición por el mejor
equipo del mundo ¡del antes, del ahora y
por siempre! En los años 60´s siendo niño, mis hermanos y yo, oíamos en
Venezuela, las finales por la Radio Nacional de España en un antiguo transistor
RCA de “onda corta” y disfrutábamos e
imaginábamos en nuestra mente, lo expresado por el narrador, en tiempos donde o
no contábamos con la televisión o simplemente las transmisiones de fútbol no
habían llegado a dicho medio. Igualmente mi padre, en los años 80`s, se dio a
la tarea de escribirle cartas a la Presidencia del Real Madrid, manifestándole
que en Venezuela existía una gran afición por el equipo y luego de muchos “dimes y diretes”, nos enviaron tanto a él
como a mis hermanos y a mí, los primeros carnets identificadores de la
membresía internacional que nos ha llenado de orgullo y satisfacción; y que nos
otorgaban la cualidad de SIMPATIZANTE, teniendo como fin primordial el
demostrar nuestra simpatía y adhesión al club, aclarando que esa cualidad excluía
los derechos que tienen los socios numerarios; credencial que todavía la mantengo
en nuestro “Altar” de recuerdos y
colecciones de “souvenirs”.
Muchos fueron los equipos donde siempre de
forma “amateur” jugué al “Soccer” (como dirían en USA), en muchas
de las etapas de mi vida combinándolo con deportes como: el judo, fútbol sala,
atletismo, motocross, kárate, paracaidismo, tenis, dominadas, trabajo de
gimnasio, excursionismo, “running” y
muchos más, siempre con el objetivo de lograr una “mens sana in corpore sano”. Con el paso de los tiempos, pues
nacieron las nuevas generaciones en la familia, que igualmente aceptaron la
herencia de su abuelo, sobre adoptar como deporte favorito al balompié, con los
cuales me pude reencontrar ya de adultos y practicar el llamado “fútbol 7”.
El “Fútbol 7”, tiene muchas
variantes dependiendo del país, cancha y torneo; se denomina así
fundamentalmente por participar equipos de siete jugadores incluyendo su “guardameta” o “arquero”. Tiene como principales reglas; las de contar con 3
tiempos de 12 minutos, cambios ilimitados, no existía la figura del “offside” o fuera de juego, los saques
de banda eran con el pie, la tarjeta amarilla te expulsaba de la cancha por 3
minutos con derecho a reingreso (eso sí, dejabas a tu equipo con uno menos),
cualquier tipo de falta en el ataque en campo contrario era penado con “tiro libre directo” sin barrera, no se
permitía los empates al final; y había necesariamente que ir a una tanda de
penales de tres chutes por equipo o más, hasta que se desempatara. El ganador
se llevaba los tres puntos y el perdedor uno solo, jugándose en una cancha de fútbol
de grama natural o artificial, con proporciones físicas de menor tamaño que un
campo de fútbol y mayor que el del fútbol sala.
Pues bien; a mis casi 46 años, un poco pasado de peso, pero en buena
forma mental, física y técnica; y debido
a mi fama de “definidor” (o como lo
llama por aquí “cazaguire”), fui
invitado por mis dos ahijados Raul y Julio, mi sobrino Cesar y sus “compinches”(Antonio,
Francesco, Leonardo, Humberto, Giuseppe y Luis), con tremenda experiencia
familiar, a jugar como “centro delantero”,
un campeonato en la cancha de fútbol 7 de la bella Universidad Simón Bolívar
(USB) en el Valle de Sartenejas en la ciudad de Caracas-Venezuela. Nuestro
equipo “atrevidamente” se llamaba
como el glorioso Real Madrid C.F. y orgullosamente vestíamos de blanco, con
nuestras camisas estampadas de diversas tallas y versiones, que nos permitía
transportarnos en nuestra mente al monumental “Santiago Bernabéu”, (donde en su museo son guardadas 13 “orejonas”, sumadas las 6 Copas de
Europa de Di Estefano, Puzcas y Gento; y las 7 Champions League de Zidane,
Casillas, Raul, Ramos y Cristiano), que
en algún momento de niños nos imaginamos podríamos haber llegado a él. Cada fin
de semana que jugábamos, poníamos lo mejor de nosotros para ganar cada juego y
así poco a poco fuimos escalando posiciones en la tabla de la liga, que duraba
aproximadamente cuatro meses, donde los cuatro primeros clasificados, jugaban
una semifinal y de ganarla, disputaban “La
Final” del campeonato.
Pues bien; “tanto da el cántaro a
la fuente hasta que se rompe” y luego de muchos fines de semana, balones, coordinaciones,
alineaciones, estrategias, charlas, árbitros, banderillas, regates, fintas,
caños, chilenas, vaselinas, voleas, tacos, “driblings”,
sudores, carreras, pases, chutes, barro, cal, porterías, escuadras, redes, saques
de banda, “corners”, penaltis, tiros
libres, “Gatorade”, amonestaciones, cabezazos,
patadas, adrenalinas, tarjetas amarillas y rojas, y por supuesto GOLES
; llegamos a la final contra un equipo llamado el “F.C. Ajax de Amsterdan”, vestido de Blanco con su raya vertical
roja, que a la vista era muy superior al nuestro en cuanto a su técnica de
juego; y que contaba con un jugador, que llevaba el número 10, muy técnico,
alto, delgado, integral e inteligente, que jugaba casi como una mezcla, entre
el holandés Johan Cruyff y el canario de las Palmas de Gran Canaria “Juan Carlos Valerón” del Deportivo La
Coruña; y que durante el campeonato demostró ser el mejor en cuanto a su
desempeño, preparación y calidad técnica.
¡Las cartas estaban echadas! De
forma inesperada y sin ser favoritos para nada, sin creérnoslo mucho, paso a
paso, y más por furia, esfuerzo y tesón, que por técnica; con la Copa (que para
nosotros era como una “orejona” de la
“Champions league”) descansando a la
sombra, debajo de un árbol de mango en una banda a la mitad del campo “embarrado”, el árbitro hizo sonar su
pito que dio inicio al partido, que definiría al ganador del campeonato de Fútbol
7 de la USB del año 2003.
Y ¡ocurrió lo que nos temíamos! Empezamos pésimo el partido;
desconcentrados, apabullados, sin dominio del balón. En el primer tiempo nos
superaron en técnica, posesión y definición, lo que dio como resultado que nos anotaran
tres goles, para mayor desmotivación de los nuestros. En el segundo tiempo
fuimos mejorando y empezamos a hacer nuestro fútbol, lo que permitió no
obstante, que empezara a confiarse el contrincante. Y al empezar el tercer
tiempo se hizo más liviano levantarlo; y ¡nos
lo empezamos a creer!, pues ya el contendor relajado se daba por dueño de
la copa que aún tenía doce minutos por jugar. Y pasó lo que en la vida nos ha
dado tantas lecciones, y es que como diría un corredor de fórmula 1: “para llegar de primero, primero hay que
llegar”; y así resultó que nuestro contrincante se confiara y nuestra “furia”, “garra” y “corazón” saliera a
flote, nuestras mentes no se dejaron vencer y nuestra fuerza de voluntad se
hizo más fuerte que la de “David contra
Goliat”, sudando la camiseta como tiene que ser. Y con dos goles de este servidor;
el primero chutado desde fuera del área
con mi pie derecho, rastrero y
potente, entró a ras del palo izquierdo del arquero; muy pronto nos llegó el
segundo gol, a pase de mi sobrino Cesar, que estando recorriendo la banda
izquierda hizo un “sprint”, y con un excelente pase me puso el balón frente a
la raya, que solo hubo que empujar. Y un tercer gol en tiempo de descuento, que
desarticuló al contendor con un izquierdazo de Humberto “el correcamino” desde fuera del área, que entró en rebote y que de
una vez empatado el juego, cuya euforia nos hizo celebrar el gol como si ya hubiéramos
ganado, sin todavía haber pasado por la
tanda de penales. Los contrarios estaban “atónitos
y cabizbajos” al ver que su triunfo estaba siendo sustraído por un Real Madrid,
que lleno de garra, furia y motivación “dejó
su piel” en la cancha y que les empató el juego, cuando ya se daban por
campeones del torneo.
Pues bien, llegamos a la tanda de “penalties” definidores desde los 11
pasos, que nos hizo recordar que los grandes del fútbol en momentos cruciales
han perdido la definición, generando dudas y críticas sobre su grandeza, como por
ejemplo le sucedió a Diego Armando Maradona en el mundial de Italia contra
Yugoslavia en 1990 o a Roberto Baggio de Italia en la final contra Brasil en de
USA en 1994.
Y por cosas del destino, nuestro contendor marcó sus dos primeros
disparos y nosotros igualmente atinamos; no fue sino hasta el último penal y
definidor del juego, que falló el equipo contrario y yo tuve el honor de determinar
el destino y el resultado de la contienda, al haber sido seleccionado por el
equipo para chutar el último tiro penal.
Y bien claro de que mi pie izquierdo haría el disparo, en lo que sería
una “dramática” definición; y tomando
una separación del balón de aproximadamente cinco metros para agarrar la
velocidad ideal, la pelota salió disparada hacia el travesaño, y sin que el
arquero pudiera hacer nada, quizás por la fuerza y velocidad del chute, el
balón bajó a la raya de cal, volvió a subir a chocar nuevamente con el palo
superior; y en lo que pareció cámara lenta, volvió a bajar entrando, está vez a
la arquería, cual locura de película y el árbitro dictaminó como Gol, lo que
nos llenó de euforia, alegría, celebración e hizo que nos hiciéramos acreedores
de la Copa del Campeonato de Fútbol 7 de la Universidad Simón Bolívar.
Este triunfo tuvo un gran significado en todos los madridistas que
amábamos los ideales de el glorioso Real Madrid, pues fuimos campeones siendo
el Real Madrid de Venezuela, lo que fue un “plus”, pues hicimos algo que
siempre soñamos desde niños, así haya sido en una categoría “superamateur”, pero lo hicimos como si
hubiéramos estado en Glasgow, ganándole a un Bayer Leverkusen en el año 2002,
compartiendo con Zidane su gol de volea, en la final de su novena “Champions
League”…
Así que hicimos valer la veracidad de que: ¡El
Madrid no juega finales; el Madrid gana finales!
Escrito por: Juan Raul Alamo Lima. Caracas - Venezuela |
Categoría: RELATO
Colaboradores: Reyes, Raul y Julio Alamo
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16 de diciembre de 2020